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La zarigüeya, el bello 'monstruo' que todos los paisas deben proteger

Este marsupial está siendo perseguido hasta la muerte. Los expertos aseguran que esto se debe a la ignorancia que hay sobre ellos. Una pregunta: ¿Le gustaría morir a golpes o entre las mandíbulas de un perro rabioso?



Junto a las ratas y los gallinazos, las zarigüeyas cargan el peso de una mala reputación. El común de la gente las cree invasoras, dañinas, malolientes, casi una plaga. Pero qué lejos está esta opinión de ser verdad.

Esta imagen le ha valido que sea objeto de toda clase de ataques cuando son confundidas con roedores, sobre todo en aquellos barrios de Medellín que tienen un bosque cercano. Basta con que alguien vea una para que la llame de forma despectiva “¡Chucha!”.

Lo cierto es que no es una rata, según Francisco Javier Flórez de la Fundación Zarigüeya, es un marsupial emparentado con los canguros, los koalas y los ualabíes (que cargan a sus crías en bolsas y en el lomo). De hecho es originaria de Suramérica y el proceso que dio origen a las casi 100 especies actuales de Colombia se inició en los últimos 30 millones de años.


Por ello estos marsupiales son tan paisas como usted. Les gusta vivir en las copas altas de los árboles frutales, son acróbatas torpes pero divertidas y tienen una raramente ingenua y efectiva forma de actuar cuando se ve amenazada: hacerse la muerta y del miedo se orinan.  Y es que en una buena trama peligrosa no debe faltar un cadáver.

Según este experto, la zarigüeya está siendo desplazada de su hábitat por diferentes motivos, entre ellos la expansión agrícola, minera y urbana. Y a la persecución que vive en la ciudad por los humanos, los gatos y los perros, se suma que en vías como La Mola del Escudero, Santa Elena y San Félix, a muchos conductores no les importa atropellarlas.

En la memoria de Francisco Javier ronda una imagen aterradora. Un día soleado, una carretera libre. A pocos metros de su auto, un bulto. Parece un gato destripado. No, es una zarigüeya con sus cinco crías que no hacía más de cinco minutos había sufrido una embestida. Esa experiencia lo motivó a emprender su campaña.

“A través de nuestro grupos de Facebook nos reportan diariamente tres zarigüeyas muertas en Medellín, pero pueden ser muchas más porque no todas las reportan o son vistas”, afirma Francisco, quien con un grupo de expertos participó en la creación de una cartilla que enseña todo sobre este animal, llamada Pautas para el manejo de crías de zarigüeyas en estado de indefensión.


En Medellín tenemos cinco áreas protegidas para la biodiversidad y donde las zarigüeyas viven: Reserva Forestal Nacional Nare y el Distrito de Manejo Integrado Aburrá-Cauca, Parque Natural Regional Cerro El Volador y las Áreas de Recreación Cerro Nutibara y Cerro La Asomadera.

¿Por qué son importantes? Las frutas hacen parte de su dieta, por lo que las zarigüeyas son muy importantes en la dispersión de semillas. Por otra parte, entre su dieta también se cuentan insectos y vertebrados pequeños como roedores, lo que la pone como determinante para el control de ciertas plagas. No come basura y sale regularmente en las noches.

De hecho, según biólogos de Área Metropolitana, si no se vieran estos animales en corredores ambientales de El Poblado, Belén o la Universidad Nacional, algo malo estaría pasando en Medellín. De hecho es un animal protegido por la ley, y cualquier acto de crueldad contra ellas se puede denunciar.

“La gente debe comprender que es un animal que hay que proteger y conservar, ellas no representan ningún peligro para el hombre”, manifiesta Francisco Javier.
De faltar este marsupial, otras especies irían desapareciendo poco a poco, como las lechuzas, los tigrillos o pumas, pues estos se alimentan de ellas.

Si te encuentras una zarigüeya desorientada o herida debes llamar a las siguientes líneas en el Valle de Aburrá:

Línea verde: 01 8000 414 123.
Línea 123 de la Policía Ambiental.
Área Metropolitana del Valle de Aburrá: 385 6000, ext. 127.

¿Qué hace en caso de encontrar una? Este video de Pedro Mejía ilustra sobre el tema:




Este artículo salió en Noticias Caracol
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