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Crónica: Puerto Nuevo, en Aranjuez, historia de un barriecito que desaparecerá

Con la llegada del mega-puente Madre Laura, Puerto Nuevo, en la retícula más apartada de Aranjuez, ya no existirá más. Esta es la historia de un barrio de boleros donde, ahora, hay familias que no saben cuál será su suerte. 

Crónica publicada en De la Urbe, periódico de la Facultad de 
Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, 
Edición #70 septiembre de 2014.

Por Pompilio Peña Montoya
@pompiliooo

Aranjuez (Medellín). La oscuridad y el alcohol no le impidieron al detective del Servicio Secreto propinarle un tiro detrás de la cabeza a Lucho Vásquez, uno de los boleristas más queridos de Colombia, cuando éste huía calle abajo. El hecho se inició en el bohemio Bar Acapulco, una madrugada de noviembre. Al detective lo segó la furia pasional cuando el bolerista, guitarra en mano, cortejó  a su acompañante al dedicarle una de las canciones que grababa con discos Sonolux. Era el año de 1.954. Lucho, que para entonces había recorrido medio país cantando en cantinas, contaba con 23 años. Su gran éxito era El tren lento

La historia trágica de este bolerista todavía vive en Puerto Nuevo, un escondido recodo del barrio Aranjuez que pronto desaparecerá. Allí hoy se construye parte del viaducto intraurbano más largo del país: el Puente Madre Laura Montoya, que unirá a las comunas 4 y 5 al cruzar el río Medellín. Hoy, de las 600 familias que conformaban el sector, unas 40 no han abandonado sus casas, pues no han encontrado aún una apropiada, casi imposible de hallar, según ellos, con el poco dinero que la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), entidad encargada de la obra, les ofreció. 




Durante los años 60 y 70 este sector seguía exhalando un tufo melancólico de boleros. Esto gracias, entre otros bares, al Grill Argentino, que le ofreció su escenario a las entonces promesas del bolero Rodolfo Aicardi y Ricardo Fuentes. Al filo de la media noche, estos dos hombres ofrecían duelos musicales acompañados del Sexteto Miramar. Aicardi, bebedor, cantaba entre otros temas Desde la ventana de mi apartamento y Una lágrima por tu amor. Ricardo hacía lo propio con Cuánto te debo, Por amor y De qué presumes.



 El Grill era una enorme casona campestre cuyo salón tenía sus paredes de tapia  cubiertas de cortinas verdes. A la derecha de la entrada estaba el escenario, y al fondo un restaurante cuya especialidad era la sabaleta frita con patacones. En el Grill cabían 150 personas sentadas alrededor de una pista de baile. Se  fumaban Lucky y Kent, se discutía de política y se comentaban los crímenes del momento. 

En el Grill Argentino también se presentaron Alci Acosta, Gustavo Quintero y Carlos Arturo González, este último un gordito que incorporó al Grill los sonidos tropicales que contagiarían a Aicardi y que, finalmente, lo llevarían a unirse a Los Hispanos. Gustavo haría lo propio al entrar a Los Graduados, con los que viajaría por toda América. Aicardi, diez años después, sería ovacionado en el Teatro Olimpia de París, Francia, en 1981. El Sexteto Miramar, por su parte, es hoy recordado como la agrupación pionera de la música afro antillana en Colombia. 

Se dice incluso que el Grill llegó a ser frecuentado por el escritor Manuel Mejía Vallejo y el muralista Pedro Nel Gómez; alrededor de ambos, dicen los abuelos del barrio, se formaban corrillos en los que estaba prohibido hablar de sus artes: en el Grill se vivía solo para el bolero. 
Esta es la facha de El Grill Argentino, que luego se convirtió en una cooperativa de recicladores.

"Era lo más parecido al paraíso, se escuchaban los boleristas del momento, luego llegaba la música de baile con sus trompetas, congas y pianos", recuerda Gonzalo Betancur, residente del lugar, quien llegó a ser discómano, mesero y vigilante del Grill cuando no tenía más de 20 años. Él tampoco se ha podido ir de Puerto Nuevo. Vive del reciclaje de madera como sus hermanos. Su madre es doña Aura Díaz Giraldo, fue cocinera del Grill, fundadora de Puerto Nuevo. Ella, a pesar de tener 99 años, hoy aún camina por lo que queda del barrio. Prefiere no decir palabra. 


Gonzalo Betancur, ex discomano de El Grill.
Gonzalo recuerda que en la misma cuadra del Grill, a lo largo de la carrera 55, entre las calles 93E y 94, se construyeron casas de citas que fueron escenario de más de un crimen pasional: El Mister, La Nina, Holly Bar y La Prima. Primero fueron casas tipo motel, pero conforme el Grill  cobró fama en Medellín pasaron a ser desaforados burdeles cuyas mujeres habían adquirido el encanto de cantar trozos de boleros para pescar corazones rotos. 


Estos son los famosos burdeles que por años acompañaron a El Grill Argentino.
Gonzalo recuerda mucho a Rodolfo Aicardi porque solía pelear con sus músicos cuando perdía la cabeza en alcohol. También recuerda que, en una ocasión memoriosa, cantaron allí varias noches Alci Acosta y el ecuatoriano Julio Jaramillo, canciones que habían grabado a dúo en Medellín y que hoy se escuchan en establecimientos de toda Latinoamérica: Parece que fue ayer, Odio gitano y Dos Rosas. Eran finales de los 60. Cuando al Grill llegó la Sonora Matancera, desde Cuba, la policía tuvo que custodiar el lugar para evitar altercados. 



En los años 70, el Grill dejaría el bolero para dar paso por completo a los sonidos tropicales del Conjunto Miramar, Los Hispanos y Los Ídolos. La atmósfera se hizo más rumbera y las peleas a cuchillo, que dejaron por lo menos cinco muertos allí, se hicieron frecuentes en una época en que matar a disparos era un acto de cobardía. 

De pronto, el Grill cayó en decadencia. Los abuelos del barrio coinciden en algo: una vez todos estos cantantes se hicieron famosos y comenzaron a viajar por el mundo, empezó el ocaso para esta cuna de la música. Finalmente su dueño, el señor Jorge Bustamante, en 1973 le vendió el Grill al sacerdote Vicente Mejía, que de inmediato desmanteló el lugar y creó la Cooperativa Antioqueña de Recolectores. 
Las putas no volvieron a cantar allí. 

Los malevos que arrojan cuerpos al río
La Cooperativa, dedicada al reciclaje, le dio otro aire a Puerto Nuevo. Ofreció empleo a las familias que comenzaron a establecerse allí y en el basurero de Moravia, muchas de ellas desplazadas del Urabá y el Chocó. A mediados de los años 80 comenzó el toque de queda, inició la guerra entre pandillas por territorio y el tráfico de drogas. En las noches, los residentes de Puerto Nuevo solían escuchar motos, pasos y rumores. En la mañana, los cadáveres quedaban varados en la ribera. 

Eran cuerpos acribillados que debían ser arrojados al río para que los matones de otros barrios se enteraran de quiénes iban dejando este mundo. ¿Y quiénes estaban detrás de estas muertes? Pues Los Prisco, una temible banda. Así lo recuerda Neider Osorio, quien llegó a conocerlos. De su modus operandi no era difícil enterarse. Y Puerto Nuevo, por estar en la retícula más apartada de Aranjuez, al nororiente de Medellín, se convirtió en uno de los botaderos de cadáveres más famosos de la ciudad. A la apestosa brisa del basurero de Moravia no muy lejos de allí, clausurado en 1983, se unió el de cadáveres. Cerca de allí había otro botadero de cuerpos que la gente bautizó con el acierto temible de La curva del Diablo. 

Aranjuez se convirtió en la fortaleza de Los Prisco porque allí mismo vivían. Este grupo, liderado por hermanos y primos, llegó a tener en sus filas a 350 jóvenes al servicio de Pablo Escobar. Bombas, atentados, amenazas, secuestros y torturas, su especialidad. Ellos estuvieron vinculados a los asesinatos del ministro de Justicia, Rodrigo Lara, del director de El Espectador, Guillermo Cano, del procurador Carlos Mauro Hoyos, del gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur, entre otros. Los sicarios, antes de matar, le pedían pulso a su santo de devoción para la puntería. 

En 1986, Albertina Osorio Montoya, hoy con 65 años, fundó detrás de la Cooperativa el Jardín Infantil Cariñositos, una cuadra arriba del río en donde botaban a los acribillados. La guardería aún existe, pero ya no tiene 32 niños como alguna vez, sino cinco. Muchas familias ya se fueron ante la llegada del mega-puente que tendrá una extensión de 786 metros y contará con tres carriles en cada dirección, y cuyo costo ascenderá a 205 mil millones de pesos. 
Jardín Infantil Cariñositos.
Por Cariñositos pasaron más de 500 niños. Quince de ellos fueron alcanzados por las balas en su adolescencia, como el mismo hijo de Albertina, muerto sin razón aparente a dos cuadras de allí. Los Prisco luego serían cazados por las autoridades. Después llegarían tiempos de relativa paz. 

Plata que no alcanza 
Hoy, el aspecto de Puerto Nuevo es otro: casas abandonadas, escombros e incertidumbre. Por lo menos, 40 familias aseguran que se quedarán en sus casas hasta que sean desalojadas. Albertina Osorio, de más de 60 años, por ejemplo, no se ha ido porque los 49 millones de pesos que le ofreció la EDU por su casa al pie del río (tres cuartos, sala-comedor, un baño, cocina y patio), apenas si le alcanzan para la cuota inicial de una nueva vivienda. Le han ofrecido subsidios pero las cuentas no le dan. 

A Gonzalo Betancur, el exdiscómano del Grill, la EDU le ofreció 43 millones, correspondientes a un subsidio más otras compensaciones. Con esa plata, afirma, podría comprar un apartamento pequeño en un barrio periférico, lejos de todo, incluso de sus hermanos y madre. "La descomposición social es dura", afirma Gonzalo y añade: "Sé de familias que se separaron, de gente que se enfermó de preocupación, de familias que están pasando necesidades, de viejitos que los ha matado la pena". 


María Magdalena López y Ercilia Oquendo
Quienes vivieron en Puerto Nuevo más  de 20 años
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Y es que Puerto Nuevo está ubicado en un lugar privilegiado de la ciudad. La estación Tricentenario del Metro está cerca y este barrio tiene placa polideportiva. A la Universidad de Antioquia se llega caminando en 15 minutos. Y allí mismo queda El Planetario, el Parque Explora, el Jardín Botánico y el Parque de Los Deseos, además de sedes de EPS importantes. Las familias que no se han ido dicen que esto no lo tuvo en cuenta la EDU. Ahora muchos de los que se fueron viven en barrios apartados de todos estos privilegios, en casas pequeñas y apiñados. 

El núcleo familiar de los hogares que no se han ido es numeroso. A modo de ejemplo, los ocho integrantes que conforman la familia de María Magdalena López, quien lleva viviendo allí 21 años; o los 13 integrante de la familia de Ercilia Oquendo, quien lleva 18 años viviendo en una casa que construyó ladrillo a ladrillo no muy lejos del río. Aseguran que hay casas multifamiliares por las que no dan más de 55 millones de pesos. 

Y si las pagas de la EDU eran tan malas, ¿por qué la mayoría negoció? Según Ercilia Oquendo, porque la amenaza es la expropiación, procedimiento que, según explicaban funcionarios, restaba beneficios.  Aún así existe una veeduría ciudadana que continúa asistiendo a reuniones con la EDU y otras entidades para llegar a un acuerdo más equitativo. 

Según la directora de la EDU, Margarita Ángel Bernal, los avalúos catastrales fueron calculados por Valorar, de la Lonja Propiedad Raíz, "que es la entidad idónea en determinar los avalúos, basada en las condiciones y reglamentos que exige la normatividad". Para la construcción del puente se requieren de 424 predios, de los cuales 411 ya han sido avaluados. La suma de estos predios es de 20 mil 346 millones de pesos, más las compensaciones a las que tienen derecho propietarios, poseedores, arrendatarios y ocupantes, que suman 2 mil 337 millones de pesos. 

Margarita Ángel añadió que la EDU lidera el programa 'Renovando ciudad para la gente', una estrategia de transformación integral del hábitat que busca generar alternativas de reasentamiento en el mismo sitio en donde se desarrollan las obras de infraestructura. Sin embargo, estas obras son a largo plazo y nadie puede esperar tanto. "Por eso no hay más remedio que comprar donde podamos y quedar por fuera de ese programa", comenta Ercilia Oquendo.



Uno de los grandes problemas, según el personero delegado Carlos Montoya Múnera, es que la mayoría de las familias asentadas en las laderas del sector no tienen escritura o la que poseen es falsa. Sin embargo, todos los avalúos se hicieron bajo la normativa legal. Solo en algunos casos especiales, el avalúo se reconsideró tras una nueva evaluación y la oferta por la vivienda aumentó. "La Personería ha estado muy atenta a este caso y no hemos hallado ninguna anomalía con el tema de avalúos", afirmó el funcionario. 


El circulo señala dónde estaba ubicado el barrio Puerto Nuevo.
Hoy las máquinas trabajan en el río para perfilar las columnas del puente. Pronto terminarán de derribar las casas y, seguramente, habrá desalojos. La casona que fue el Grill sigue en pie, pero rodeada de bolsas con reciclaje; pronto la derribarán. Atrás quedó el tiempo del bolero, la violencia y la paz, para dar paso a una obra que promete resolver la movilidad del Norte de Medellín. Y Puerto Nuevo pasará a ser un bello recuerdo en la memoria de algunos.


Crónica publicada en De la Urbe, periódico de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, Edición #70 septiembre de 2014

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