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Reportaje: Petra Regino, la bella historia de una monteriana clandestina en Chile

Petra Regino es una monteriana que desde mayo de 2012 vive en Arica (Chile), ayudando a nacionales a ingresar a ese país en busca de un sueño. Por desgracia, a causa de un error, Petra está a punto de abandonar el suyo.


Por: Pompilio Peña Montoya
@pompiliooo

Los planes de Petra Regino de regresar a Colombia dentro de dos años más, tuvieron un giro inesperado al enterarse de que estaba legalmente muerta. Meses después sabría que un cuerpo que no es el suyo, pero que figura con su nombre, yace enterrado en el cementerio del barrio P-5, en Montería, en una bóveda cuyas fechas ya son indescifrables.

Este hecho la desconcertó menos que cuando se enteró cómo los hijos de la muerta se adueñaron de su cédula para dar sepultura a su madre. Petra no se explicaba, hasta entonces, cómo una fotocopia de su documento validó una tramoya que la ha hecho viajar en dos ocasiones por tierra a Colombia desde Chile, con estaciones en once ciudades de cuatro países, como una clandestina.

Así sucedió todo: con la fotocopia de su documento fue tramitado un registro de muerte en la Notaría 3. Luego la Registraduría Nacional dio de baja su cédula. Hoy Petra hace parte de las más de dos mil personas que esperan que esta entidad los devuelva a la vida.

En agosto de 2013, en el primero de sus dos viajes a Colombia, y tras de 12 días insomnes de travesía en bus, Petra llegó a Montería y comenzó a averiguar el porqué de la mala suerte que la tiene a punto de prohibirle su acceso a Chile, y de romper su sueño: acumular una pequeña fortuna para regresar a Montería.

En ese primer viaje un empleado de la Notaría le puso un libro de registros entre las manos, y tras una rápida búsqueda dio con la copia de defunción. En efecto, el documento daba por hecho que una tal María Evangelina había fallecido a finales del 2012. La revelación se dio cuando pasó la página y vio su rostro en la fotocopia de su cédula. El funcionario, al notar la falla, le recomendó ir a la Registraduría.

Petra pisó tierra austral el 6 de mayo de 2012 y de inmediato pasó a ser parte de Ciudadano Global (CG), una ONG que vela por el bienestar de los inmigrantes. Gracias a este empleo obtuvo su visa chilena, y luego el carnet que la acreditó como una extranjera legal. Petra se estableció en Arica, un poblado costero con 215 mil habitantes, al norte de Chile, en límites con la ciudad peruana de Tacna (separadas por 56 kilómetros), donde hoy hay más de 500 colombianos a la espera de que les sea legalizada su entrada a Chile.


Lo que no sospechó Petra es que sería uno de los primeros nacionales que darían inicio a una peregrinación de colombianos a este país que hoy ha provocado toda suerte de descontentos. En los últimos tres años el número de colombianos allí aumentó. Quieren establecerse, sobre todo, en Antofagasta, al sur de Arica, cuya estabilidad económica la ha convertido en la ciudad chilena con mayor ingreso per cápita. 

Según el cónsul colombiano en Antofagasta, Julio Viveros, en esta ciudad hay hoy unos 15 mil 600 colombianos (el 35% de todos los nacionales en Chile y el 4.4% de la población total de Antofagasta). Mientras en Santiago de Chile viven unos 21 mil más (el 45% de los nacionales en Chile y el 0.3% de la población de la capital). En Arica solo habitan 567. 

Se calcula hoy que en todo el país austral hay unos 44 mil colombianos, una cifra considerable si se compara con los 27 mil 411 que el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), registró en el 2012. El aliciente: el peso chileno vale cuatro veces más que el colombiano.

Una diferencia entre nacionales y chilenos estalló en octubre de 2013, cuando ciudadanos de Antofagasta convocaron a una marcha para pedir mayor control al ingreso de colombianos al país. Argumentaron que el aumento de la delincuencia así como el tráfico de drogas, era efecto de su llegada. Lo peor era que los colombianos estaban trabajando por menos del salario mínimo, desvalorizando el empleo.

La marcha no se hizo, pero sí recibió toda índole de críticas por parte de organizaciones, entre ellas CG, donde Petra trabaja y tiene como misión ayudar a los ilegales en sus trámites de legalización y en asistencia social. Petra se enteró de la marcha recién llegada a Arica desde Colombia con la esperanza de que las palabras del entonces registrador de Montería fueran ciertas.

En ese primer viaje a Montería fue a la Registraduría. Allí, le tomaron las huellas dactilares y un par de fotos. Tal soporte, le dijeron, lo enviarían a Bogotá, a la sede central. Y la tranquilizaron: "En menos de un mes volverá a la vida". Esto ocurrió en agosto del 2013. El funcionario que la atendió se pensionó y Petra sigue muerta.

  De regresar a Montería, Petra tendría que enfrentar lo siguiente: Como está muerta, no tendría derecho a servicios de salud, no puede hacer préstamos en ninguna entidad, ni comprar vivienda, ni ir al médico, ni comprar por cuotas, ni hacer ninguna diligencia en entidad pública o privada.

De regreso, Petra ayudó a ingresar a Chile a varios colombianos, entre ellos a otra monteriana que hoy trabaja en manicura a domicilio. Incluso Petra hizo de la mano de CG una investigación para saber cómo entran sus compatriotas a Chile de modo ilegal. Se enteró, así, de una red que por 200 dólares promete a los incautos cruzar la frontera a Chile, no por el complejo fronterizo Chacalluta (entre Chile y Perú), sino a través del desierto que une a los dos países. A la mayoría la dejan a mitad de camino, no sin antes robarles sus pertenecías.

Los más afortunados llegan a Arica y después a Antofagasta, donde están dispuestos a aprender cualquier oficio. Petra supo también que en Santiago de Chile habitan 47 monterianos, en Antofagasta cinco y en Arica uno; ninguno ha tenido problemas con la ley y tienen sus papeles en regla. Al menos el 40% de colombianos vienen de Buenaventura, y muchas mujeres, al no hallar empleo, se prostituyen.

La ventaja de Petra es que desde hace un año comenzó a trabajar con el gobierno de Arica en el Comité de Inmigrantes en Chile. También desde hace un año trabaja cuidando la alimentación a un niño que no tolera la proteína. Petra puso en práctica sus estudios de nutrición y revivió sus días de enfermera, en una época en que comenzaba a ser una de las principales líderes comunales de Montería, hace más de 25 años.

Ella es Morena, delgada, de ojos color de miel y de sonrisa fácil; quien no la conozca, nunca le pondría los 52 años que tiene, sino quince menos. Comenzó siendo líder en el barrio Minuto de Dios, después en Los Garzones, y luego, por 14 años, se entregó a El Bongo. Antes de viajar a Chile, Petra veló por los 107 niños menores de siete años de 81 familias del barrio. Y logró que Bienestar Social le financiara un programa de alimentación para los menores que duró varios años.

Pero Petra deseaba un cambio. Hasta que a principios de 2012 un amigo chileno le hizo la propuesta: la posibilidad de tener un empleo que le permitiera ahorrar, y hacer lo que más le gustaba en la vida. En noviembre de ese mismo año cuando se disponía a viajar a la capital de Bolivia, ya estando residente en Chile, un funcionario de inmigración en el aeropuerto de Antofagasta le dio la mala noticia: su documento estaba cancelado. 

En marzo de este año Petra llegó por segunda vez a Montería. Días antes un funcionario del gobierno de Arica le advirtió que debía solucionar su situación, de lo contrario sería expulsada. Este fue su itinerario: de Arica se llegó a Tacna en el Perú, de allí a Lima. Su próximo destino fue Tumbes, ciudad fronteriza con Ecuador. De aquí a Guayaquil y después a Quito. En Rumichaca (principal paso fronterizo entre Ecuador y Colombia) le pisaron el pasaporte para pasar a Ipiales (Nariño), en cuya terminal Petra tomó un bus a Cali. De Cali a Medellín y de allí a Montería.

En este viaje sin descanso, Petra vivió uno de los mayores sustos de su vida. En Tumbes, en Perú, Petra olvidó su pasaporte y su cédula en un control. Al regresar al puesto, el guardia de turno le dijo que sus documentos los poseía ahora un coyote, como se hacen llamar los estafadores que pescan extranjeros en la frontera con Ecuador. El hombre le dio  la ubicación del coyote. Al hallarlo, éste le pidió 150 dólares por los papeles. Petra se sintió perdida. Un policía de comando le dio la solución: se hizo pasar por su esposo y, vestido de civil, negocio el trato. Finalmente le dio 20 dólares al maleante y Petra recuperó sus documentos, y el Policía pudo desmantelar una pequeña facción de coyotes.

Petra llegó enferma a Montería: un terrible dolor de muelas y malestar general. En la EPS no la atendieron. En la Registraduría no le dieron solución. En viajes, Petra ha gastado casi 5 millones de pesos colombianos. Decidió viajar a Bogotá y gastar su último chance. En la Registraduría Nacional volvieron a tomarle sus huellas. Petra pudo ver a sus hijas que viven con su padre.

Decidida, Petra regresó a Arica a principios de abril y halló la región en que había trabajado por dos años convulsionada por un sismo de 8,2 grados. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, decretó zona de catástrofe las regiones de Arica, Parinacota y Tarapacá. Hoy se rumora que antes de que termine el año, el norte de Chile volverá a ser sacudido por un terremoto, y el mayor temor es un tsunami.

En Arica, sorpresivamente, le acaban de hacer una propuesta: trabajar en la Casa de la Cultura de Antofagasta. Lo está pensando. Petra decidió comenzar de nuevo. Los ahorros que tenía se quedaron en los viajes. Dice tener energías suficientes, no si antes el gobierno de Chile decide deportarla por ser una muerta en vida.


Publicado en EL MERIDIANO de Córdoba, el 22 de junio de 2014
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