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Entrevista: Nahum Montt, de cómo nace El eskimal y la mariposa

Nahum Montt.
 “La literatura me ha salvado de no suicidarme, de no volverme más neurótico, es una especie de catarsis…  ella siempre me salva”, Nahum Montt.

Por: Pompilio Peña Montoya
@pompiliooo

Lo primero que a Nahum Montt le dio cuando recibió la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2004, con El eskimal y la mariposa, del susto, fue un espasmo muscular en la espalda que lo doblegó por varios días. Y eso que meses atrás planeaba quemar la novela que ahora le daba gloria. 


Conrado Zuluaga y Gabriel García Márquez.
El de la idea de enviar la novela de Montt al concurso fue Conrado Zuluaga, el hombre que más sabe de la obra de Gabriel García Márquez en Colombia. Montt, que había guardado con recelo en una gaveta el manuscrito de El Eskimal (corregido hasta el tedio), decidió una noche sombría que expondría la razón de su insomnio al juicio de Zuluaga, inquisidor y respetado, agudo y crítico, su amigo. “Si la novela no le gusta a Conrado, la quemo”, sentenció.

Cuenta Montt que Conrado, su amigo, su conocido, su cómplice, no tomó mucho tiempo en decidirse. “Conrado, para sacarme del paso, me dijo: '¿Por qué no la mandas a un concurso?'”. La propuesta le sonó Montt, y la rumió por un par de días encerrado en su pequeño estudio rodeado de sus dioses tutelares.

“Yo me acuerdo que le pregunte a Conrado qué concurso estaba abierto, y él me dijo “Usted si es ingenuo, en Colombia siempre hay un concurso de novela abierto””, comenta Montt.

La envió. Mientras tanto, para mantener la mente ocupada, se puso en la tarea de escribir sobre otras cosas.

Fueron angustiantes los meses siguientes. Y la verdad es que no tenía esperanzas, de hecho, ya algunos amigos suyos con los que había compartido el manuscrito, sin piedad, no menguaron sus comentarios de pesimismo ante la obra.  

La novela, que había venido escribiendo en las madrugadas, nace del magnicidio de dos candidatos presidenciales en un lapso de tiempo muy corto a finales de los años 80. Uno de ellos fue muerto en la sala de espera del aeropuerto El dorado de Bogotá, Bernardo Jaramillo Ossa, miembro de la UP. El segundo homicidio fue el de Carlos Pizarro León Gómez, ocurrido en pleno vuelo; era dirigente de la Alianza Democrática M-19.  

“Para mí fue un duro proceso de investigación y de escritura, además porque tenía en mente escribir una novela negra, un género que necesita de mucha práctica e ingenio”, asegura Montt quien ya ha tenido la posibilidad de publicar dos libros más, la biografía Miguel de Cervantes Saavedra, Versado en desdichas (2006), y la novela policíaca Lara (2008), basada en los últimos días de vida del político Rodrigo Lara.

Desde entonces, desde el premio, son muchas las puertas que se le han abierto.  La casa editorial Alfaguara reeditaría su novela El Eskimal y la Mariposa en el 2005. Sería invitado, en el 2007, a la XXI Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y a la Semana Nagra de Gijón, en España, evento que reúne a los escritores más destacados del género de novela negra.  

Nahum Montt nació en Barrancabermeja, Santander, en 1967, y llegó a la capital hace más de 20 años a estudiar literatura.

Esta entrevista, en el año 2009, se llevó a cabo en su casa, en el patio trasero, a donde llegan muchos pájaros a cantar.

¿Qué tipo de escritor es usted?

Yo tengo una imagen maniquea de los escritores. Yo creo que hay dos tipos, los que escriben antes de media noche y los que escriben en la madrugada. Cada vez que me levanto a las dos de la madrugada a escribir, sé que hay otro que no se ha acostado, pegado a su computador. 

Creo que las horas de la madrugada son las más privilegiadas para entrar en contacto con todo ese ambiente mágico de la creación literaria. Creo en la musa, en mi musa, que pasa a eso de las cuatro de la madrugada, y lo sé porque a esa hora empiezan a cantar los primeros pájaros que la saludan

Los indús dicen que más o menos a esa hora pasa la diosa fortuna que es venturosa con aquellos que a esa hora están haciendo algo. Por eso, esa hora para mi es privilegiada para escribir.

Yo escribo de dos de la madrugada a siete de la mañana, a la hora que la gente de mi casa comienza a levantarse. A esa hora yo ya siento que he cumplido con mi deber. El resto del día lo planea para vivir esa otra realidad que me corresponde vivir.  
A menudo, incluso, he sentido esa esquizofrenia de que los problemas de mi ficción son más importantes que la misma realidad. Eso quiere decir, pues, que me acuesto muy temprano. Siempre me duermo viendo las malas noticias del país. Como usted sabrá, los noticiarios a esa hora se dividen en dos: Una primera parte trata los problema políticos y de orden público, y una segunda parte trata los deportes y la farándula.  Así que estoy roncando a las siete y veinte.  Mis hijos, entonces, aprovechan esas circunstancias para salir los fines de semana y llegar luego tarde, y los pesco después de la media noche entrando.

¿Qué es lo que primero hace al despertar? ¿Planea antes la historia que escribe?

Lo primero que hago al despertar es tomarme un café y fumarme un cigarrillo. Solo escribo literatura a esa hora. Siento que la musa me castigaría si invierto ese tiempo en otra cosa distinta, por ejemplo, a adelantar deberes atrasados del Ministerio de Cultura. 

Cuando estoy escribiendo el borrador de un primer texto, por lo regular escribo muy a lo pasional, muy a lo que me salga. Después hago una decantación de lo que he escrito para superar esa mirada narcisista sobre el texto, entonces me doy cuenta que de catorce páginas solo salvo media hoja.  De ahí entro en un proceso distinto, escribo más pausado, más lento, menos impulsivo, y siento que comienzo a superar esa simple anécdota utilizando los recursos del lenguaje y de la narración.

Por otro lado, la lectura siempre es para mi indispensable en mi formación como escritor. Siempre llevo en la mochila un libro que saco en esos momentos muertos del día. 

¿Escribe varios textos a la vez?

Yo he conocido escritores que tiene mañas increíbles, como por ejemplo escribir en dos computadores distintos a la vez, dos relatos o novelas al tiempo; es el caso de Guillermo Fadanelli, escritor mexicano.

Gracias a que me gané el premio de novela 2004 con El eskimal, me metí enserio en el oficio de la escritura y comencé a pesar en varios textos al mismo tiempo. Por ejemplo, a Lara le dediqué mucho tiempo por la investigación.  Ahora en este momento estoy dedicado a la voluptuosidad de la dispersión creativa. Me siento como en una maratón de tramas y de historias que se me están dando y no sé cuál de todas estas ideas va en últimas a consumirme.


Bernardo Jaramillo Ossa.
¿Cómo fue el proceso creativo de El eskimal y la mariposa?

El eskimal es una novela que quiero mucho porque fue ella la que me abrió las puertas al ámbito literario nacional.  Yo vine a ganar el premio después del enorme éxito que fue Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute. También fue una obra que fui escribiendo de forma clandestina. En una época muy dura

Recuerdo que estaba escribiendo sobre la obra y a la misma vez investigando sobre ella. Estaba manejando tensión porque sentía la necesidad de un reconocimiento, ya que llevaba veinte años escribiendo y escribiendo. A esto se le suma que en aquel tiempo estaba haciendo una maestría en las noches, y dictaba clases para enseñarle a escribir a estudiantes de comunicación y a futuros docentes del área del lenguaje.


Carlos Pizarro León Goméz.
Por otro lado, puedo decir que mi novela nace de esos vacíos históricos que tuvieron los asesinatos de dos candidatos a la presidencia. Uno de ellos muerto en la sala de espera del aeropuerto El Dorado, Bernardo Jaramillo Ossa, y días después el asesina

en pleno vuelo de Carlos Pizarro León Goméz.

A mi esos hechos, que me parecieron sacados de la ficción, comencé a investigarlos, amarrando cabos sueltos que se me presentaban, y que en últimas me llevaron hasta la muerte de Luis Carlos Galán, ocurrida en agosto de 1989. Digamos entonces que tenía sobre la mesa un montón de piezas y de acontecimientos importantes que marcaron una generación. Lo otro fue reorganizar los eventos y contarlos, no desde el lado que siempre se contó, desde las victimas, sino desde los asesinos, de cómo fue la conspiración, el complot.

Para conocer más sobre este escritor el programa Letra urbana, de Señal Colombia:




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