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Perfil: El señor de las moscas: Felio Bello

Uno de los grandes atractivos de la feria de Expociencia y Tecnología, en Corferias, es la exhibición de unas las larvas que sanan heridas.


Pompilio Peña Montoya - 
@pompiliooo
Foto: Daniel Sánchez

En algún momento de la vida de Felio Bello comenzó, por fortuna siempre de manera transitoria, una pesadilla que ahora no le arranca una expresión de horror sino un gesto vago e indiferente. Como en el relato de Franz Kafka, Bello soñaba que despertaba siendo un horrible insecto. No una cucaracha o un escarabajo, sino una zumbante mosca verde, de enormes ojos compuestos y abdomen abultado cubierto, como todo el resto de su cuerpo, por un áspero pelaje.

A esta imagen se mezcló, luego de ver una película, la obsesión de querer salvar al mundo de una probable invasión de hormigas asesinas. Todas estas impresiones podrían atribuírsele a una persona que no esté cuerda. Sin embargo, Felio Bello tiene toda clase de cualidades menos aquellas que giran en torno a la locura. Bello es uno de los entomólogos y académicos más respetados del país, tanto como para ser condecorado por la Asociación Colombiana de Ciencias Biológicas con el premio nacional Águila de la Ciencia, por sus significativos aportes a la biología del país.

Uno de estos logros es por cuenta de una exhaustiva investigación que viene realizando desde hace seis años con el insecto de sus sueños, la mosca verde, más conocida en el mundo científico como Lucilia sericata. “A las larvas de este insecto les encanta comer tejido necrótico, es decir, aquel cuyas células han comenzado a morir por degeneración. Teniendo en cuenta este principio, estamos probando que estas larvas realmente pueden ayudar en los  tratamientos para curar heridas que no quieren sanar”, comenta Bello.

Entomólogo de niño
Desde pequeño Felio Bello se sentía atraído por los insectos. Tenía la costumbre de recorrer los bosques de su natal Chimá, un caluroso municipio en el departamento de Córdoba, en busca de grillos, gusanos, cucarachas, moscas, mariposas y mantis religiosas, que recolectaba y estudiaba. Eran mediados de los años 60. Otras veces, para divertirse, los ponía sobre los hombros de sus hermanas y las asustaba.

“Mi pueblo era tranquilo y festivo. Mis padres estaban muy pendientes de mí ”, recuerda Bello. Así pasaron los años y para poder estudiar, se trasladó primero a Lorica y luego a Barranquilla, donde cursó sus estudios universitarios en biología. Luego se convirtió en un profesor de provincia, que nunca abandonó el deseo de seguir cultivándose intelectualmente. Por eso ahorró y viajó a Bogotá para realizar su maestría en la Universidad Javeriana. Allí regresó su vieja pasión por los insectos y desarrolló su trabajo final sobre estos artrópodos, pasión que hasta hoy continúa a través de sus estudios sobre la  Lucilia sericata, que expone por estos días en la undécima versión de la feria Expociencia y Tecnología, en Corferias, Bogotá.


“He investigado, con un grupo de estudiantes, los patrones poblacionales de esta mosca, su ciclo de vida, su genética y biología celular”, explica Bello, quien espera utilizar las larvas de este insecto en el tratamiento de heridas. Si bien esta terapia apenas se está probando en Colombia, en países como Gran Bretaña, Alemania y Canadá ya es un hecho. “Se ha comprobado la efectividad de esta larva y espero que podamos implementarla pronto en el país”, concluye.

Publicado en El Espectador: 21 de octubre de 2009.
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