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Perfil: Ernesto McCausland, perfil de un cronista que nos enseñó a ver el Caribe

El pasado miércoles 21 de noviembre a las 3:30 a.m., falleció el periodista Ernesto McCausland Sojo, editor general de El Heraldo, y quien por más de 30 años se encargó de escribir las memorias del Caribe.

Por: Pompilio Peña M.
@pompiliooo
Fotos: Cortesía El Heraldo.

Una de las últimas satisfacciones que tuvo el cronista Ernesto McCausland (1961-2012) antes de perder su batalla contra el cáncer, fue recibir en su casa de Barranquilla a varios jugadores del Junior, el equipo de sus pasiones. Antes de que éstos se marcharan, en una bandera que el cronista guardaba como un tesoro, cada uno estampó su firma y un pequeño mensaje. José ‘el Cheché’ Hernández, técnico de los tiburones, le escribió: “Dios es la luz y la esperanza ¡Fe!”.

A la mañana siguiente el cielo fue gris. La noticia conmovió primero a la ciudad y luego a toda Colombia. El polifacético Ernesto McCusland, a sus 51 años, el ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a Vida y Obra 2012, el escritor, el cineasta, el documentalista, el amigo, quien se había encargado de registrar bajo el lente de la crónica un diario del Caribe por 30 años, había muerto.


Ese mismo día, otra bandera del Junior cobijaría el féretro de este gigante (en todo aspecto, su estatura era de 1,95) hasta su última morada en el cementerio Jardines de la Eternidad. Acompañado de familiares, amigos, artistas, colegas y deportistas, en una ceremonia conmovedora, McCausland fue despedido. Su esposa Ana Milena Londoño recordó su carisma, su sencillez y sensibilidad, pero sobre todo su inquebrantable deseo de cumplir metas, ese mismo que lo convirtió en uno de los periodistas más prolíferos de la actualidad.

 
Sus hijas Natalia y Marcela lo recordaron como un ser entregado a la escritura. “Lo mágico de él es que lo que hacía lo hacía con amor”, afirmaron.

El cronista del Caribe

McCausland se destacó, sobre todo, como cronista de radio, televisión y prensa, además de haber incursionado con éxito en el cine y la documentación. Con estos trabajos son múltiples los reconocimientos que obtuvo. Su película Siniestro, por ejemplo, recibió en el año 2000 por parte de MinCultura el premio al mejor film del año. Desde el 2 de enero de 2010 era el editor general de El Heraldo, periódico en el cual comenzó su carrera a principios de los 80, cuando por sus pasillos caminaban figuras como Juan Gossaín, Roberto Pombo (hoy director de El Tiempo), José Cervantes Angulo y Mauricio Vargas, este último exdirector de la revista Semana.

El joven McCausland –que venía de hacer radio– pronto se destacó por su destreza en la crónica roja, cuya pasión lo acompañó toda la vida. De estos enriquecedores años en que afinó su estilo, entre bandidos, morgues, hospitales, juzgados y estaciones de policía, McCausland extraería material para una de sus dos novelas, Febrero Escarlata (2006), que cuenta la historia de Capeto Cervantes, un reportero del Caribe que sigue una serie de crímenes pasionales, en una ciudad que parece solo tener cabida para los bajos deseos.



McCausland también fue, a principios de los 90, presentador del noticiero QAP, con el que tuvo oportunidad de entrevistar a figuras como Gabriel García Márquez y Fidel Castro. Luego fue columnista y cronista en la revista Cambio (1997-1999). Pero este inquieto hombre alto no podía quedarse quieto, y de la escritura pasó a la radio, convirtiéndose en cronista, entre el 2000 y el 2006, de 6AM de Caracol. Por estos mismos años, redactaría para Cromos y Soho. Antes de volver a El Heraldo sería columnista en El Tiempo entre el 2007 y el 2010.

Su crónica El día en que llovieron plátanos, fue escogida por el periodista Daniel Samper Pizano para ser parte del libro Antología de Grandes Reportajes Colombianos. La historia cuenta el trastorno que ocasionó la llegada de un camión de 20 toneladas lleno de plátanos a un desolador caserío en la Guajira. Una vez el cargamento es abandonado, comienza a tejerse entre la comunidad la  posibilidad de que el cargamento contenga una bomba de la guerrilla para atentar en contra de ellos. El genial manejo de la historia muestra de un modo jocoso la paranoia de la guerra en el país.


El periódico de su vida

La redacción de El Heraldo está de luto. Karina González, editora judicial de este medio, recuerda a McCausland como un hombre que inspiraba confianza a sus periodistas, brindándoles consejos de cómo detectar, a la hora de escribir, los lugares comunes y las muletillas. Sin embargo, desde hacía cuatro meses y por consejos médicos, McCausland no había podido volver a pisar las instalaciones del periódico. Aún así, desde su casa estaba dando instrucciones, temas, enfoques, describiendo proyectos a largo plazo. “Ernesto McCausland estaba convencido de que se mejoraría –afirma Karina González–. Hace tres meses lo vi en su casa y estaba muy feliz porque se había podido comer una carne asada, algo que desde hacía meses no había podido hacer por su cáncer en el sistema digestivo”.

Uno de los productos consentidos por McCausland fue el suplemento dominical Latitud, porque en él podía conjugar la literatura y la crónica, siendo esta última su gran pasión, una que ejerció durante 30 años.

En el discurso que redactó para recibir el Premio Nacional de Periodismo, al que no pudo asistir por su precario estado, (pero que fue leído por sus hijas) McCausland explicó por qué en esencia se consideraba un cronista: “Lo soy más bien porque instintivamente considero que con mi producto me aproximo más a la verdad”. Y añadió más adelante: “A una fría noticia cotidiana, en virtud precisamente del fuero que me he ganado, me doy el lujo de verterla en una paila y llevarla al fogón de la crónica”.

Y con esta técnica McCausland entrevistó a Diomedes Díaz, a el Joe Arroyo y a Pablito Florez, a escritores como David Sánchez Juliao y Juan Gossaín, y a jugares como el Pibe Valderrama y Faustino Asprilla. Y, en fin, a casi todos los juglares del vallenato, y personajes únicos que solo se gestan en el Caribe, en aquellos pueblos abrazados por el plomo del sol del trópico, un territorio alimentado por creencias y una idiosincrasia mítica y dicharachera.

Su último documental, Eterno nómada (2012), cuenta la historia del cineasta y poeta francés Claude Herviant, quien fue sepultado en el 2009 en un cementerio wayú en la Guajira, pero que debe ser exhumado y de nuevo enterrado para que dejen de ocurrir cosas malas dentro del caserío. El inconveniente radica, en que a los familiares del francés les importa un ‘pito’ sus restos.

En sus últimos meses, McCausland fue un apasionado del internet y en general de las redes sociales, un tanto en contracorriente a lo que siempre han profesado sus contemporáneas, tan amantes de las viejas técnicas. En cambio McCausland siempre tuvo la convicción de innovar, así que desde que había llegado a la dirección de El Heraldo, se empeñó en hacer de su portar en la web un sitio atractivo.


Con su partida, el periodismo nacional queda huérfano de uno de los mayores exponentes, alguien que nos enseño, como lo hacen los mejores, que las grandes historias están dentro de los pequeños mundos.



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