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Perfil: Memorias de un condenado a muerte: Salman Rushdie

El escritor angloindio Salman Rushdie se atrevió a publicar su autobiografía Joseph Anton, donde narra la persecución de muerte a la que fue condenado por el ayatolá Jomeini, quien le puso precio a su cabeza por su novela Los versos satánicos.


Por Pompilio Peña Montoya
@pompiliooo

“Soy hombre muerto”, se dijo el escritor Salman Rushdie al colgar el teléfono una mañana de 1989. Un periodista acababa de formularle una pregunta impertinente, y para la cual no tenía una respuesta sincera: “¿Qué se siente haber sido condenado a muerte por el ayatolá Ruhollanh Jomeini?”.

Rushdie tuvo razones para sentir miedo. El ayatolá Joemini era un líder político-religioso islámico que había derrocado al monarca de Irán en 1979. Conocía sus recias órdenes y su poder para congregar masas extremistas cuyas facciones estaban en todo el mundo. Si era capaz de tumbar un ‘Rey de reyes’, como era conocido Mohammad Reza Pahlevi, quien estuvo en el poder desde 1941 por mérito de dinastía, podía eliminar sin esfuerzos a un escritor que apenas comenzaba a abrirse un lugar dentro del gran público.

Así que, al volver en sí, Rushdie se apresuró a asegurar su casa bajo la mirada de espanto de su esposa. Un par de días después también cerraría su vida pública y se recluiría en el anonimato por recomendación de las autoridades. Rushdie cambió de domicilio, no volvió a conceder entrevistas, fue rechazado por amigos y colegas, y se cambió el nombre por el de Joseph Anton, es decir, los nombres de pila de Conrad y Chejov, sus debilidades literarias: con el primero viajaría —esta vez en carne propia— al corazón de las tinieblas, y con el segundo a las soledades y la melancolía de sus personajes.

El origen de la amenaza había sido su novela Los versos satánicos, publicada un año atrás, en donde el ayatolá Jomeini leyó graves ofensas contra el profeta Mahoma, a quien, según los creyentes, había satanizado.

Sin embargo, y resuelto por una mezcla de miedo y orgullo, Rushdie declararía para la televisión, pocos meses después de la amenaza, algo de lo que años después se arrepentiría: “Ojalá hubiera escrito algo más crítico”.

La muerte cerca
Hoy Salman Rushdie asiste a eventos literarios, posa para la prensa y da declaraciones sobre el terror que experimentó. Esto, por supuesto, no solo porque ya han pasado 23 años desde la amenaza del ayatolá Jomeini, quien ofreció 550 mil dólares americanos por su vida, sino también porque la semana pasada lanzó simultáneamente en 19 países sus memorias tituladas Joseph Anton, donde recopiló los pormenores de su de persecución.

Al respecto, Rushdie, hoy de 64 años, declaró para el diario The Guardian, del Reino Unido, que en realidad Los versos... no tienen nada que ver con el Islam: “La novela habla del origen de las religiones. Hay muchos paralelismos entre las revelaciones de San Juan Bautista, Juana de Arco, y las visiones de Mahoma sobre el Arcángel Gabriel”.
El lanzamiento de esta autobiografía contrasta con el sorprendente aumento de la recompensa que hizo esta semana una organización clandestina que busca el cumplimiento de la orden del ayatolá Jomeini (quien murió a mediados de 1989), desde Irán: la persona que mate al escritor de Los versos... recibirá 3.3 millones de dólares. El anuncio se produce en medio de las violentas protestas por la película La inocencia de los musulmanes.

Pero esto no parece preocupar al también escritor de las novelas El suelo bajo sus pies y La encantadora de Florencia, a quien los críticos ubican seguidor del realismo mágico. Rushdie experimentó una cerrada zozobra en los años posteriores a su condena a finales de los 80: la muerte de su esposa de aquel entonces por un cáncer y el fracaso de sus dos matrimonios siguientes; el atentado del que pudo salvarse su editor en noruega, William Nygaard, tras recibir varios disparos; el apuñalamiento no fatal del responsable de la versión en italiano del polémico libro, Ettore Capriolo; y el asesinato de su traductor al japonés, en 1991, Hitoshi Igarashi.

Estos episodios están narrados con sentimental gravedad en Joseph Anton, y sirven de complemento, a su vez, a la inquietante atmósfera que recayó sobre la industria editorial en Europa, y al eco que los medios propagaron al emitir imágenes en las que se quemaban las novelas y los ensayos de Rushdie, mientras cientos de seguidores islámicos salían a protestar en las principales ciudades de Europa, Medio Oriente y Estados Unidos.

Lo cierto ahora es que estas memorias suben en el escalafón de los libros más vendidos, y han sido nominadas al premio británico Samuel Johnson, el más prestigioso en lengua inglesa en la categoría de ‘no ficción’. Se espera que tal nominación no sea interpretada por el islamismo como una provocación más a las ya sumadas.

Publicado: El Meridiano Cultural 23 de septiembre 2012.
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