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Artículo: ¡La Defensa Civil de Córdoba pide auxilio!

La Defensa Civil en Córdoba está de capa caída. Los municipios no han destinado ni un peso para fortalecerla, argumentando, entre otras cosas, que están intervenidos por la Ley 550. La situación preocupa porque el invierno comenzó.


Por: Pompilio Peña Montoya
pompiliooo@gmail.com


El 30 de noviembre de 2011 fue tormentoso porque no dejó de llover por 10 horas. El teléfono del mayor Raúl Antonio Gómez, director de la Defensa Civil, no paró de timbrar. Eva Carmona Garcés, alcaldesa de Los Córdobas, fue uno de los mandatarios que lo llamó. Angustiada, Carmona le pidió una cuadrilla de sus mejores hombres en el corregimiento El Ébano. Allí, 250 familias tenían el agua al cuello. "Alcaldesa —le respondió el mayor—, pero si usted tiene Defensa Civil allá". "Sí, pero ellos no tienen nada", respondió la mandataria.

Gómez hoy se pregunta qué hubiera pasado si la Defensa Civil presente en los municipios no hubiese actuado por falta de recursos en casi todas las emergencias invernales. Sin duda, la tragedia, que dejó 35 mil damnificados el año pasado, habría sido aún más desoladora.

Lo paradójico del asunto es que por lo menos la mitad de los 2200 voluntarios de la Defensa Civil (DC), están hoy de brazos cruzados porque sus alcaldes, este año, no han desembolsado ni un solo centavo para su correcta operatividad. Así nunca serán grupos élite ni de avanzada, ni podrán actuar a cabalidad en las emergencias que se sobrevengan, ya que según el Ideam comenzó el invierno y se espera que sea tan crudo como el anterior. A esto se le suma que los trabajos de la Gobernación para mitigar impactos por el agua en el departamento van a medio camino.

El hecho es que 15 de los 30 voluntarios de la DC que fueron a El Ébano a socorrer a las familias, caminaron cuatro horas con el agua hasta el pecho y exponiendo sus vidas, desde la cabecera de Los Córdobas. A eso de las 11:00 de la noche, cuando terminaron de evacuar a las personas con mayor riesgo, los voluntarios pudieron descansar. "Ni una bolsa de agua se les ofreció, fue triste", apunta Gómez.

La seccional Córdoba de este organismo fue una de las mejores del país. Así quedó demostrado en 1988 cuando ocurrió una de las peores olas invernales. El cuerpo de la DC fue tan efectivo, que ese mismo año Patricio Petro Soto, quien lo dirigía, recibió el Premio Nacional de Seguridad Social como Empleado Oficial. Esta es la primera vez, desde 1969 cuando hizo presencia la DC en Córdoba, que el organismo experimenta la indiferencia de los alcaldes de forma tan directa.

La desilusión
En enero de este año, Raúl Antonio Gómez, en una asamblea de directores de la DC en Bogotá, se desengañó sobre la situación de este organismo en el resto del país. Allí pudo comprobar, con asombro, que Córdoba hoy se encuentra en una situación lamentable en comparación con otros departamentos donde sus gobernantes apoyan a la DC. En esta asamblea, Antioquia, Cundinamarca, Magdalena y Atlántico, entre otras regiones, fueron dotadas de equipos que incluyeron desde carro-tanques para incendios y el transporte de agua potable, hasta lanchas con motor fuera de borda, ambulancias y todo tipo de herramientas.

"Es simple: cuando las diferentes juntas de la DC de un departamento demuestran sostenibilidad, porque sus alcaldes las apoyan, la Dirección Nacional de la Defensa Civil las dota, porque demuestran que pueden cuidar los bienes", afirma el mayor Gómez, quien solo pudo traerse para Córdoba dos plantas de agua y dos botes inflables.

Los únicos recursos que tuvo la DC el año pasado fue a través de Colombia Humanitaria, 70 millones de pesos, con los cuales pudo adquirir kits de informática y 200 uniformes.

Pero la situación de la entidad en el departamento tiene falencias más profundas. De los 30 municipios que lo conforman, solo en 13 (Ayapel, Buenavista, Canalete, Cereté, Ciénaga de Oro, Cotorra, Lorica, Momil, Montelíbano, Montería, Planeta Rica, Sahagún y San Pelayo) hay juntas, con mínimo 80 integrantes y con personería jurídica. Pero por la falta de recursos solo las de Cereté, Montelíbano, Montería y San Pelayo están funcionan con cierta independencia.

En Pueblo Nuevo, Puerto Libertador, Tuchín, San Andrés, Chimá, Moñitos, San Bernardo del Viento, Los Córdobas, Chinú, San José de Uré y San Carlos, existen grupos de unos 50 voluntarios que están a punto de desertar por falta de sede y equipos de rescate como cuerdas, palas, botes y extintores.

En Puerto Escondido, La Apartada y en San Antero, la DC no tiene presencia. Lo insólito del asunto es que gran parte de las zonas rurales de los dos primeros unicipios, por la influencia de los ríos San Jorge y Canalete, casi siempre terminan gravemente afectadas en los inviernos. ¿Qué esperan los alcaldes para desembolsar los recursos para sus DC?

Los mandatarios parecen ser muy estudiosos, ya que cuando el mayor Gómez los visita en sus oficinas, la respuesta de todos es siempre la misma: "Estamos estudiando la situación, usted comprenderá que tenemos prioridades". La gente del común se pregunta entonces: ¿Qué más prioritario que la seguridad de los pueblos a los que ellos representan?

La propuesta del mayor
En vista de la disolución que se ve venir si la situación no cambia, el mayor Raúl Antonio Gómez redactó una propuesta de presupuesto para los alcaldes que implica un total de 50 millones de pesos, que serían distribuidos así: un 20 por ciento para la dotación de equipos y uniformes (dinero con el que se comprarían trajes especiales para combatir las abejas africanizadas que tanta intranquilidad generan); un 50 por ciento que se invertiría en la movilidad, disponibilidad y operatividad del grupo; un 10 por ciento para el mantenimiento de equipos; un 5 por ciento para las campañas de prevención y capacitación de la población vulnerable; un 5 por ciento para la administración e imprevistos; y un 10 por ciento para la capacitación de los voluntarios.

Este último porcentaje, correspondiente a 5 millones de pesos, es de suma importancia, ya que con estos dineros varias personas, de todos los municipios, podrían viajar a Bogotá a realizar los cursos gratuitos que brinda la DC. "La importancia de este punto es que, ya preparados, puedo soltarles a las juntas equipos de tengo en la sede, como los cuatro botes fuera de borda que hay guardados, las motobombas y plantas de agua, e incluso, en situaciones particulares, la ambulancia", afirma Gómez, quien añade que está dispuesto a entregar los mejores equipos a aquellos municipios que demuestren un verdadero compromiso con su organismo. En el último año solo dos personas han ido a capacitarse a Bogotá.

Esto con el fin de que no pase como en Lorica, de donde el mayor tuvo que traerse un bote con motor debido a que estaba a la intemperie. En el momento, solo Momil, Lorica, Ayapel, Montelíbano, Cotorra y Cereté tienen botes de la DC. Y es que cuando una junta de voluntarios está bien constituida y con personería jurídica, tiene la facultad de desarrollar contratos de servicios, e incluso puede conformar microempresas. De este modo una junta de la DC puede generar desarrollo en sus zonas y mostrar sostenibilidad.

Esto para que no pase como en Los Córdobas y otros municipios, cuyos mandatarios solo llamaron y desembolsaron cuando tuvieron una emergencia. Por fortuna, el espíritu de voluntad de la mayoría de los integrantes de la Defensa Civil en Córdoba es grande. "Ellos no piensan en el color político de quienes salvan, tienen un corazón solidario y siempre están dispuestos a arriesgar sus vidas por ayudar a su prójimo", concluye el mayor Gómez.

Publicado: 25 de marzo 2012 pág. 2D

El Meridiano de Córdoba
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