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Artículo: El mercado negro de los trabajos universitarios en Montería

¿Quienes son los que hacen los trabajos universitarios?  Este es un mercado que va creciendo en Montería y, en general, en todo el país. Son los estudiantes de U privadas quienes, por lo regular, mandan a hacer sus trabajos. Aquí hay una historia.


Por: Pompilio Peña Montoya

Un padre ve con admiración cómo su hijo, que cursa una carrera universitaria, obtiene buenas notas que le encantaría pegar con un imán en la puerta de la nevera. Siente que está invirtiendo bien su dinero, y que pronto tendrá un profesional que pondrá en alto su apellido.

El joven se cree astuto y ríe para sus adentros, y no le importa pasear su mediocridad por los pasillos de la U., incluso hace alarde de ella; se las da de 'vivo' frente al resto de sus compañeros.


Este es el arquetipo, ya sea de universidad pública o privada, de aquel joven que manda a hacer sus trabajos con 'genios' anónimos cuyo 'éxito' se mantiene en la medida de su clandestinidad. Ellos, los que hacen los trabajos, actúan con sigilo y reserva. Así lo asegura, con pelos y señales, Amanda, quien los conoció muy bien en los cinco años que se dedicó a hacer esta clase de trabajos para estudiantes perezosos de las universidades de Córdoba. Ella elaboró resúmenes de libros, textos interpretativos y argumentativos, anteproyectos, proyectos, ensayos y hasta monografías. Por estas últimas llegó a cobrar hasta 450 mil pesos. "Cuando a ellos les iba mal, a mí me iba bien", le contó esta semana Amanda, de 24 años, a EL MERIDIANO de Córdoba.


Pasos fraudulentos

En Montería este no es un fenómeno nuevo. Varias fuentes consultadas por EL MERIDIANO le contaron que el tráfico negro de trabajos universitarios es un negocio rentable, y quienes los redactan –aseguran las fuentes– no son solo jóvenes ratones de biblioteca, sino, incluso, docentes y asesores de tesis. En estos casos, la 'ética profesional' adquiere un carácter de embeleco, de cosa fútil y sin utilidad, que según los expertos tiene graves implicaciones sociales.

Así lo cree el médico Álvaro Bustos González, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud, de Unisinú, quien no desconoce este fenómeno. Según él, el estudiante que manda a hacer sus trabajos, al igual que los presidentes que mandan a hacer sus discursos, denotan una pobre capacidad o una escasa formación. "Puede ser también una insana combinación de viveza y flojera, o un desprecio total por las formas que permiten demostrar solvencia intelectual", afirma.


La Universidad de Córdoba no está exenta de estudiantes perezosos. Francisco Bárcenas Merlano, docente en administración de finanzas y negocios desde hace 11 años, cuenta que la semana pasada se dio cuenta de un plagio en un análisis financiero, supuestamente escrito por un estudiante de quinto semestre. Dice Bárcenas que el joven bajó su trabajo de la página rincondelvago.com, y solo le cambió la fecha del estudio. "Este estudiante no pagó porque se lo hicieran, fue más ignorante, lo copió de una web que tenemos más que pillada; nota: 0, y una amonestación verbal", puntualizó el profesor, quien añadió que muchos alumnos creen que cuando un docente pide reiteradamente sustentaciones de trabajos –allí, de viva voz y cuerpo presente en el salón de clases–, es una especie de persecución, cuando en realidad es una forma de blindaje por parte de los profesores.


Este mercado negro es un juego de estrategia. En este triángulo están enfrentados, por un lado, los 'genios' que buscan ganarse un dinero ocultamente aprovechando la mediocridad de unos, y por el otro, los perezosos que utilizan los servicios de estos excusándose en todo tipo de artimañas, cuando no copian de internet. Y en el tercer lado, los docentes buscan toda clase de maniobras para urdir y atrapar al tramposo. El verdadero enfrentamiento está entre el alumno y el profesor, mientras los 'genios' engordan sus arcas.


Es por ello que los docentes, en los últimos años, han optado, básicamente, por enfocar más sus estrategias pedagógicas en el análisis que puedan hacer los alumnos sobre un tema, así como intensificar el trabajo en el aula. También, con los años, afirman, aprenden a conocer de tal forma a los alumnos que llegan a saber hasta dónde les podrían dar sus capacidades intelectuales. Estrategia contra estrategia, una lucha silenciosa de cálculos, de sospechas, de intuición.


El decano Álvaro Bustos González afirma que lo que observa ahora durante las pruebas escritas es la vieja manía a copiar de reojo. Como los cuestionrios se hacen en forma de test, algunos anotan las respuestas en un papelito y se las pasan al compañero más necesitado. "Otros les toman fotos con el celular con el propósito perverso de negociarlas posteriormente. En esto hay que precaverse mucho, y cada profesor encontrará la mejor forma de matar sus pulgas. Aun así, los malos estudiantes tienen una insólita tendencia a no dejarse vencer en franca lid", comenta el doctor Bustos.


La astucia de los 'genios'

Pero la costumbre de mandar a hacer un trabajo o incurrir en plagio ha ido más allá de los ámbitos del alma máter. El país recuerda un escándalo nacional que involucró a 23 notarios, 10 de ellos de Córdoba, que presentaron trabajos plagiados para ganar puntos en un concurso. Los trabajos fueron extraídos de universidades e inscritos a nombre de aspirantes a notarios que certificaban la fe pública en Córdoba, Sucre, La Guajira, Magdalena y Bolívar. Algunos de ellos fueron cobijados con medida de aseguramiento por los delitos de falsedad ideológica en documento público, fraude procesal y violación a los derechos de autor.

Amanda, quien reside muy cerca a Alamedas Centro Comercial, también le contó a este medio que realizó más de 400 trabajos universitarios durante cinco años, y que no desconoce las implicaciones judiciales que su trabajo acarreó. Sin embargo, los textos que quizá le hubieran traído problemas, fueron monografías que pasaron a engordar los anaqueles de las bibliotecas. Los trabajos de largo aliento, como las tesis, se los dejaba a profesores y asesores universitarios. "Conocí a un profesor que cobraba de 2 millones de pesos en adelante por una tesis. La gente con plata tiene más facilidad de mandar a hacer sus trabajos", afirma Amanda, quien se retiró del negocio al conseguir empleo en una empresa.


Curiosamente a los clientes de Amanda nunca los pillaron. ¿Por qué? Ella –y estos gajes del oficio los fue aprendiendo de otros–, antes de escribir un ensayo o una monografía, ya fuera de derecho, literatura, administración o sociología, le pedía a su cliente que le contara cómo era su profesor, es decir, qué gustos tenía, inclinaciones ideológicas, sus libros y autores de referencia. Amanda, luego de un pequeño examen y de haberse hecho un previo perfil, y teniendo en cuenta el semestre que cursaba su cliente, comenzaba su proceso de elaboración, apuntándole a sus gustos, a sus posiciones políticas y sociales. Si Amanda cono-cía al docente, los trabajos se le hacían más fáciles.


Así, por el resumen de un libro podía pedir 40 mil pesos; por una presentación, 20 mil; por un proyecto, de 120 hacia arriba; por un ensayo, de 50 en adelante. "Todo dependía de la complejidad del tema y del tiempo que me daban para hacer el trabajo", añade Amanda, quien también, en ocasiones y con los textos más complejos, orientaba a su cliente en la mejor forma de aprender los conceptos del trabajo.


Las instituciones de educación superior gradúan a unos buenos y a otros no tanto, y claro, también a los mediocres que mandan a hacer sus trabajos. Valdría la pena preguntarse qué están haciendo con su futuro esos alumnos y qué clase de profesionales están graduando las universidades.


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Publicado en El Meridiano de Cordoba. Día 7
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