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Artículo: Un hogar de paso camino al calvario

Las niñas del Hogar Nuestra Señora del Rosario, de la Margen Izquierda, necesitan ayuda. En los últimos meses los apoyos al Hogar han venido disminuyendo, y cada vez a las monjas que lo coordinan les queda más difícil sostenerlo. Si bien la Diócesis lo dirige, no tiene los recursos necesarios. Por ello piden la colaboración de las personas caritativas.


Por: Pompilio Peña Montoya
pompiliooo@gmail.com


La última vez que lloró Cenaida Moreno fue el viernes antes de Semana Santa. Ese día, a primeras horas, habló por celular con su padre Víctor, jornalero en Moñitos, quien le prometió que antes del mediodía la recogería para llevársela a la finca con sus hermanos: "no te fallo", le aseguró. Cenaida hizo una pequeña maleta, aún dudosa, y vio cómo cada una de sus 28 compañeras, con quienes convive en el Hogar Nuestra Señora del Rosario, al cuidado de monjas, se fue marchando, algunas contentas, otras no tanto, con sus familiares y a vacaciones.

A mediodía no perdió las esperanzas, se aferró, con su corazón de 14 años, a confiar que su padre no la engañaría otra vez. Cuando el sol se le perdió de vista en el cielo y se encontró sola en la inmensa casa al cuidado de las hermanas Bertha y Rosalba, no aguantó más. "Me sentí muy triste y corrí a llorar a mi cama, mi papá me había vuelto a mentir", recuerda Cenaida, quien lleva seis años en el Hogar y ahora cursa el grado 7º en la Institución Educativa Juan XXIII, donde también estudia el resto de las niñas.

A Marfelina del Carmen, también de 14 años y con poco más de cinco en el Hogar, tampoco fueron a buscarla, a pesar de que su madre y sus hermanas viven en Montería, pero en un barrio pobre e inseguro. Pero se tomó las cosas con calma a pesar de que todo señalaba que serían unos días aburridos y tristes, ya que sin clase y sin con quien jugar, transcurrirían monótonos y silenciosos. Marfelina, silenciosa para no molestar la tristeza de Cenaida, tomó un libro que cuentos que guarda en el cajón de la ropa, en una esquina del largo dormitorio común, y comenzó a leer su favorito:

"Hansel y Gretel habían perdido a su madre, y su padre, un pobrecito leñador, se había vuelto a casar con una mujer que no quería a los niños. La familia estaba en la más completa miseria. La madrastra propuso al leñador que abandonara a los niños en el bosque para que alguien los recogiera. Serían dos bocas menos que alimentar. El leñador, que amaba mucho a sus hijos, se resistía, pero la mujer lo convenció..."

Historias silenciosas
Cenaida y Marfelina son dos jovencitas del Hogar Nuestra Señora del Rosario, que desde 1965 viene funcionando casi ininterrumpidamente. Allí siempre hay 30 niñas, muchas de ellas huérfanas, que fueron abusadas sexualmente o maltratadas, pero que sobre todo están en peligro físico y psicológico. Según la hermana María Rosalba Gallón, quien desde el 2003 está al cuidado de las niñas, la mayoría de ellas llegan porque sus padres son de muy bajos recursos y les queda muy difícil brindarles un estudio, además de conseguir a alguien de confianza que esté pendiente de ellas cuando salen a trabajar.

La hermana María recuerda un caso que la conmovió mucho, cuando una niña de ocho años, en una semana de vacaciones de fin de año, le dijo que no quería pasar esos días en su casa. "Así no me den comida, déjenme quedarme en el Hogar", le dijo angustiada la niña, quien tenía sus miedos bien alterados. Su madre la ponía a trabajar largas jornadas para ella y su esposo, entre otras cosas, lavando ropa, además de que la golpeaba y la mandaba a dormir sin comer.

Ahora el Hogar, que es una inmensa casa con varias recámaras, jardines y árboles de mango, ubicado en el barrio Juan XXIII, es el que está sufriendo dificultades económicas. Desde hace un año los recursos han ido menguando. En los últimos cuatro meses, por ejemplo, en tres ocasiones le han cortado los servicios, y otras veces las hermanas se ven en apuros para completar el dinero de la comida, que mensualmente es de 5 millones de pesos.

"Gracias a Dios hay muchas empresas que nos aportan, como implementos de aseo; el Banco de Alimentos nos colabora mucho, pero necesitamos que más personas se unan a esta noble causa", afirma la hermana María Rosalba, quien recuerda que el Hogar es manejado por la Diócesis de Montería, y otro tanto de recursos son donaciones del Grupo de Apoyo, conformado por diez señoras que entienden que pueden ayudar a unas niñas a quienes el destino las puso en condiciones desventajosas.

Una visita inesperada
Así pues, las vacaciones de Semana Santa no iban a ser agradables para Cenaida y Marfelina. Pero el lunes, bien temprano, llegó al Hogar, sin previo aviso, la 'señora Maru', y sin titubear les dijo, con permiso de las hermanas, claro, que abordaran el automóvil, pues se irían para su finca. Fueron tres días fabulosos, en los que, con vestido de baño, disfrutaron de una piscina y compartieron con otros jóvenes, comieron bien y jugaron hasta el cansancio.

Para las niñas que tienen la rutina mecánica de estar entre el Hogar y el colegio, estos días fueron extraordinarios.

Marfelina así lo hace saber. Ella es una joven morena que cuando se le pregunta por su pasado, seis años atrás, antes de llegar al Hogar, se le vienen a la cabeza recuerdos dolorosos: un padre perezoso que no se para de la cama y que casi todos los días la golpea a ella, a sus hermanas y a su madre, una casa de madera con techo de zinc, la ropa sucia, verse descalza, más golpes, mucha hambre. El sentimiento que le despierta su padre es de tristeza; no lo quiere ver jamás, dice.

Su madre, que terminó separándose, vive en La Candelaria, al sur de la ciudad, más allá de Mogambo. Ella casi nunca la visita. Ante la falta de afecto familiar, Marfelina afirma que casi no extraña la casa, que prefiere quedarse en el Hogar con sus amigas y su libro de cuentos.

Si bien los recuerdos de Cenaida no son tan caóticos como los de Marfelina, sabe qué es estar sola, sentirse sola. No ve a su madre desde hace ocho años. Desde entonces su padre la entregó al cuidado de una madrina que la dejaba todo el día sola en la casa. Hasta que una de las hermanas llegó a su casa en Moñitos, y al ver las difíciles condiciones en que vivía, se la llevó para el Hogar con permiso de su padre. Allí ha aprendido a ser muy independiente, sobre todo por la disciplina de los días. Se levanta a las 4:00 de la mañana, tiende la cama, lava la ropa sucia, se baña y, junto a sus otras cinco compañeras que también estudian en la jornada de la mañana, pasa a la capilla a rezar. A las 6:00 tiene que estar en la puerta de salida para ir al colegio.

Las hermanas, a su vez, les enseñan modistería y manualidades, como bordados, crochet, culinaria y canto.

Harán un bingo
Para no dejar acabar el Hogar, las hermanas María Rosalba y Bertha Aristizábal, tratan de realizar actividades para recoger fondos y hacerse conocer. Por ello, para el próximo 27 de abril tienen previsto un bingo en el Colegio Diocesano Juan Pablo II, a partir de las 6:00 de la tarde.

"La situación es difícil porque, por ejemplo, ya no tenemos cómo pagar un sicólogo y un trabajador social, como teníamos antes, y que son tan importantes para las niñas", afirma la Hermana Bertha.

Mientras tanto, Cenaida y Marfelina, junto a sus 28 compañeras más, siguen construyendo sus sueños. Todas quieren ingresar a la universidad, quieren ser biólogas marinas, diseñadoras y policías. Sea cual fuese el destino de estas niñas, la idea es, por ahora, proveerlas de lo mejor, y para ello es necesario que los ciudadanos que puedan, aporten un granito de arena. La idea es que este cuento, como el de Hansel y Gretel, tenga un final feliz.

Publicado en El mediriano de Córdoba.  15 de abril de 2012 pag 3d

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