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Crónica: El Evangelio según la pastorcita mentirosa, de cómo una líder cristiana defrauda a su rebaño

 ¿Cómo una pastora después de 11 años traiciona su rebaño? Iveth Patricia Mitrovichs lo hizo en el barrio Cantaclaro, de Montería, en complicidad de su supuesto esposo, Argenis Sánchez. Esta es la historia de un 'ángel' traicionado por el diablo.



Por: Pompilio Peña Montoya

Hace un mes corrió la noticia de que Iveth Patricia Mitrovichs, una predicadora del barrio Cantaclaro, a traición vendió el templo en donde por 11 años profesó la fe cristiana. Sus exfeligreses coinciden en algo: era un 'ángel'. Por lo menos cuando comenzó. Tenía unos ojos color olivo, inteligentes y tiernos; el cabello rizado y una piel de bebé que esmeraba ocultar con blusas recatadas y faldas hasta los tobillos. Pero en definitiva, era su voz la que la envolvía en un aura celestial. Del encanto de sus palabras era imposible huir.

Por ello, a sus seguidores no les importó que la echasen y tildaran de bruja en un templo en el barrio La Pradera, donde profesó antes de fundar la congregación que terminó timando. "Estas personas quieren dañar mi testimonio", le dijo a los jóvenes con los que levantó, ladrillo a ladrillo, el Centro para las Naciones el Shaddai. Hoy, quienes la recuerdan, aseguran que Mitrovichs cayó en una trampa que le tendió el poder, el de tener el dominio absoluto de más de cuatrocientos devotos.

Marcos Velásquez, psicoanalista docente de la UPB, explica que Mitrovichs experimentó el placer que engendró su conocimiento y su dominio de los otros, un poder que siempre chocó contra el paredón de sus principios cristianos. El resultado fue un desagradable sentido de culpa. La pastora se convirtió así en una histérica con alteraciones de delirio, lo que al final de sus días en Shaddai le permitió llorar como una actriz de carrera. Para liberarse, la pastora no encontró otra alternativa que seguir sus impulsos más inconscientes: terminar de poseer lo que había cultivado, traicionándose y traicionando a los otros.

La voz que hipnotiza
Iveth Mitrovichs decía tener el don de sanar cualquier padecimiento. Y en efecto, con un atino sorprendente, deshacía maleficios y desaparecía dolores sin importar su origen. Mitrovichs no era una bruja, estaba tocada por la gracia del Creador... fue la conclusión a la que llegaron quienes se convertirían en sus seguidores, hasta que desapareció, llevándose consigo más de ochenta millones de pesos rumbo a Venezuela.

En el 2001, en Cantaclaro, la efectividad de sus milagros se difundió como un chisme. Shaddai era una congregación de quince jóvenes, algunos de ellos universitarios, que encontraron en la milagrosa, en la ungida de 21 años, una guía espiritual, en una sociedad violenta, sin oportunidades y alimentada por la superchería de sus gobernantes.

Los cultos comenzaron en la sala de una casa en La Pradera. Pero pronto Mitrovichs tuvo una iluminación. Les dijo a sus seguidores: "Entre más grande sea el redil, más ovejas llegarán". Fue su primer orden. Y era cierto, porque en aquella sala apenas cabían. Así se mudaron a una pequeña bodega, cuya renta comenzaron a pagar con actividades cada ocho días.

Pero el redil seguía siendo pequeño. Así que le dijo a su rebaño: "En un sueño, Dios me mostró un lugar en Cantaclaro". Y un día, guiada por el altísimo, llegó a la transversal 29 Nº 22-04. Allí no había más que un rancho de palma a punto de desplomarse. El dueño del lugar, sin embargo, le dijo a Mitrovichs: "Ese lote no se vende".

Una semana después estaba firmando el contrato. ¿Por qué de allí en adelante Mitrovichs nunca más rindió cuentas a sus seguidores y terminó quedándose con las escrituras de todo lo que iba adquiriendo la iglesia? Fácil: estaba respaldaba por Argenis Sánchez Rodríguez, su mecenas, y quien asistía al templo Shaddai cada tres meses para supervisar la labor de su hija espiritual: Mitrovichs. De este hombre se sabría luego que abusó de algunas adolescentes en esta misma iglesia, tocándolas, afirmando que sus manos purificaban.

Hoy, Argenis Sánchez está siendo buscado por las autoridades, al igual que Mitrovichs. Lo que pocos saben es que en el templo en La Pradera, de donde fue expulsada la pastora por bruja, Argenis Sánchez también había abusado de mujeres. Este hecho lo conocerían muchos años después integrantes de Shaddai, de boca de un alto jerarca de aquel templo, del que nos abstenemos de publicar su nombre por petición de las fuentes.

El redil en Cantaclaro era perfecto. El lote, de ocho millones de pesos, fue pagado con bazares. Mitrovichs no solo era buena oradora, si no también buena con las matemáticas. Una vez pago, siguieron los muros, luego el piso; la mano de obra era gratuita, los albañiles pertenecían al templo. Por más de medio año, los feligreses cantaron alabanzas y dieron diezmos teniendo de cielo raso las estrellas. "El sueño de tener un lugar para orar se nos estaba cumpliendo", comenta Patricia C., quien asegura que los seguidores de Shaddai comenzaron a multiplicarse gracias a una sistemática campaña que hoy casi todas las iglesias cristianas de Montería llevan a cabo.

Los feligreses más jóvenes integraban 'células', pequeños grupos de estudio de la Biblia, que a su vez debían realizar actividades con el fin de recoger fondos para el templo. Las personas con más experiencia direccionaban las Escuelas de Liderazgo, conformadas por personas que ya trabajaban. Muchos de ellos pasaron todos los niveles, pero nunca llegaron al más alto en el rango de la teología cristiana, el que Mitrovichs ostentaba como una matriarca. Ella siempre les decía lo mismo: "Dios me dará la señal para que sean como yo, tengan paciencia". Estas palabras se las llevó el viento, como aquella frase que solía repetir recién fundado Shaddai, y que nadie creyó que encerrara un significado distinto al espiritual: "Hay que ser como águilas, ver más allá, pensar en el futuro".

Mientras tanto, en las noches, los cultos se seguían haciendo. Luego cuatro veces en la semana, después tres. En efecto, Mitrovichs había aguzado su vista como la de un águila. Pronto concibió adquirir un campamento en la vereda El Tapao, para retiros espirituales. Una tarde Mitrovichs les dijo: "Llevo más de cinco años realizando sacrificios por el bien de todos. ¿Sería posible, hermanos míos, si compramos una casa para mí?". Ella tenía razón. Había sido una muchacha humilde a la que no se le conocían caprichos ostentosos. El lote en el que construyeron su casa en Casasuán costó 20 millones de pesos.

El principio del fin
Para el 2008, Mitrovichs tenía una congregación conformada por 20 células, y cada una de ellas tenía en promedio 40 personas. Los préstamos bancarios eran pagados gracias a actividades, diezmos y cuotas obligatorias. De aquí en adelante, todo el dinero que adquiría Shaddai era para su casa, en donde había instalado un espejo enorme para mirarse antes de salir a la calle; sus vestidos, de repente, se hicieron costosos.

Entonces la personalidad de ella comenzó a cambiar: se hizo más autoritaria y con frecuencia levantaba la voz para dar una orden; tras nueve años de liderazgo absoluto, Mitrovichs dejó de ser, en menos de medio año, un ángel de la guarda. Además, nadie le pedía cuentas, reclamarle sería una ofensa.

Hasta que ocurrió algo absurdo. Una noche corrió un rumor que luego la pastora tuvo que confirmar. Se había casado con Argenis Sánchez Rodríguez, supuestamente su padre espiritual, un hombre que la doblaba en años. Todos se preguntaron: ¿por qué Iveth no nos anunció la noticia? Poco a poco Shaddai se fue vaciando. Se sentían engañados. Había que trabajar duro y Mitrovichs estaba estrenando casa, viajaba a gusto a Venezuela y Panamá, además de otras ciudades del país. Y en cada viaje gastaba hasta un millón de pesos.

Las cuentas de la congregación comenzaron a no cuadrar. Las deudas aumentaron. Se hizo una reunión de urgencias en el templo en el que, para sorpresa de todos, la pastora comenzó a llorar como una niña. Sabía que estaba siendo juzgada y que las posibilidades de enmendar sus continuas faltas eran mínimas: la estaba mortificando la culpa. Ya no era un ángel. Parecía más una mujer vanidosa (se había practicado una liposucción), con los dedos repletos de anillos, con ropa y bolsos caros. "Les prometo, por Dios —les dijo la pastora haciendo el mejor papel de su vida—, que la próxima semana les daré las escrituras de todo, y los dejo en paz".

La primera parte de su promesa nunca la cumplió porque una semana antes había vendido la casa y el templo Shaddai. En efecto, Iveth Patricia Mitrovichs tenía una visión de águila, aunque nunca se sepa con certeza con qué estrategia fue tentada por el diablo.

Publicado: 8 de abril de 2012 pág 2D
El Meridiano de Córdoba
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