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Crónica: En Aranjuez, cuando el río Medellín se crece y se lleva todo a su paso


Los últimos meses de 2010 han sido lluviosos, y el río ha tenido crecidas que alarman los habitantes que viven en la rivera del sector de Puerto Nuevo, en el barrio Aranjuez. Hoy piden a la Administración una solución pronta, como llevar a término la canalización del río en esta zona.


Por: Pompilio Peña M.

La llamada fue un oscuro presagio. Escuchó que su hija le dijo: “Ojalá ese río no se crezca mucho”. Ana Yepes, quien estaba cocinando, salió a la acera de su casa, miró un cielo gris, pero algo en el aspecto turbulento del río la llenó de las peores sospechas. Poco después ocurrió la calamidad. De esto hace dos años.

Al día siguiente, el Sistema de Atención de Desastres dio un reporte alarmante de los desastres que ocasionó la que fue considerada como la ola invernal más fuerte en 80 años. Árboles fulminados por rayos, quebradas desbordadas, calles inundadas, techos y muros tumbados. Según un reporte periodístico, 19 viviendas en toda la ciudad “sufrieron los rigores del invierno y 80 familias recibieron la orden de evacuar” por encontrarse en zona de alto riesgo.


Uno de los focos de desastre ocurrió en el barrio Puerto Nuevo. Más de seis viviendas se vieron malogradas por la creciente del río y los vientos. Ana recuerda haber visto como en cuestión de minutos éste, entre una brisa imprevisible y truenos que estremecían las ventanas, se creció más de dos metros en un parpadeo. Asustada, mientras escuchaba gritos de auxilio afuera, corrió a salvar algunos enceres. Cuando terminó el agua le llegaba a la cintura. Al salir, en medio de un desorden de movimientos, la gente intentaba ayudarle a Nancy Uribe, su vecina, a salvar lo poco que tenía en su casa de madera en la que había vivido con sus hijos y nietos durante doce años.


Aquella tarde vieron como el caudal de agua más grande de la ciudad arrastraba, como en una sopa de desechos, ollas, colchones, sábanas, basura, neveras y sillas.


Las fotografías de los diarios muestras, ya con el caudal manso, el aspecto de un conjunto de casas destruidas al borde de una rivera que se va cayendo a pedazos. Hoy, después de dos años, los habitantes de este terruño agradecen las ayudas que les fueron brindadas por el Municipio, sin embargo sus más fuertes peticiones siguen sin ser escuchadas a la fecha por la Administración. Cuando llueve, los habitantes de este sector, comenta Ana, se encomiendan a Dios.


Pie de foto: Ana Yepes, de 63 años, lleva viviendo hace 30 años junto al rio; ella tiene que caminar por lo que queda de la rivera para desplazarse a las casas de sus vecinos

“Estamos de nuevo en una época como la que causó la tragedia, lluvias y vientos histéricos, mientras observamos como el agua poco a poco se va comiendo la rivera y con ella el espacio de nuestras casas”, comenta Rosalba Morales, quien hace parte del comité de vivienda del sector.


Puntos de fuga


Según Luz Elena Bonilla, presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio Palermo, es evidente la negligencia por parte de la Administración Municipal. Existe una idea en común entre los habitantes que aún mantienen sus casas junto al río a pesar del riesgo, y los líderes de este sector: es urgente que sea canalizado esos más de 300 metros comprendidos entre el barrio La Herradura hasta la estación metro de Tricentenario.


“En 1996 ocurrió, en otra tragedia, que el río se llevó más de cinco casas. Y a la fecha este se ha comido unos 10 metros de terreno, desde entonces hemos enviado cartas a el Metro, a secretarias, a contralorías; el alcalde, por ejemplo, no nos ha respondido. Sólo recibimos evasivas”, comenta Flor Holguín, líder de esta parte baja de Palermo, y quien perdió su vivienda hace ya más de 10 años tras una crecida del río.


Por supuesto, a pesar de los repetidos incidentes que se han presentado, muchas familias se rehúsan a marcharse del lugar. Ellos alegan que si bien pueden recibir un subsidio de 200 mil pesos para pagar un arriendo en otro lugar, este dinero no les alcanza para adquirir un apartamento lo suficientemente grande para familias tan numerosas.


Ana Yepes, quien tiene de vecino el río hace 30 años, se pregunta ¿Por qué la Administración no les ha dado una solución concreta a las peticiones de más de 15 familias? ¿Por qué no canalizan de una vez este tramo y así solucionar gran parte del problema?


Por su parte, y como pudo establecer este medio, Área Metropolitana, entidad encargada de celebrar, entre otras cosas, la ejecución de obras metropolitanas, no tiene presupuestado en sus proyectos de ciudad canalizar esta zona del río. Por ahora todos los esfuerzos de la entidad están focalizados a la remoción de los sedimentos, para que el caudal circule con mayor facilidad.


Sin embargo, los habitantes ven con buenos ojos que EPM esté en el momento emprendiendo unos trabajos que buscan contrarrestar la furia del río cuando este se crece. Según trabajadores que en el momento hacen presencia, se pretende construir un muro al final de la calle 93 EE, con lo cual, a su vez se ha buscando canalizar una serie de desagües que, junto al río, se estaba comiendo poco a poco la rivera.


Luz Elena añade que en este sector se tiene pensado construir el puente de la 93 y la 94 que cruzarán el río, para lo cual se tiene presupuestado crear un parque lineal. Sin embargo, si bien el proyecto está en pie, aun no se posee todo el presupuesto disponible para comenzar las obras. “Según estoy enterada, a partir del 2011 se comenzará a divulgar el deseo de transformar este sector de Palermo con el fin de mejorar la movilidad de la ciudad y a la vez la calidad de vida de los habitantes”, afirma.


Lo que queda por hacer es llevar esta problemática al Concejo de Medellín para que desde allí las voces de este pueblo olvidado sean escuchadas, concluye Luz Elana.


Al parecer existe otro problema, el terreno comprendido entre la calle 93 EE con carrera 55 C, junto al río, es algo inestable, pues una serie de aguas que viajan por el subsuelo están haciendo perder consistencia a la tierra, lo que podría ocasionar en cualquier momento un desastre mayor. La evidencia de este hecho, según cuentan sus habitantes, quedó en evidencia el pasado 24 de noviembre de 2009, cuando al parecer una fuga en el tuvo madre del alcantarillado provocó, unos metros más abajo, el colapso de varias viviendas que dejó sin techo a 35 personas.


Aguas turbias


Esa tarde de noviembre de boca en boca corrió el rumor de que una empresa contratista que estaba realizando allí estudios geotécnicos para evaluar la estabilidad del terreno para la construcción del puente de la 94, posiblemente había ocasionado la fractura de un tubo madre lo que provocó que mucha agua corriera calle abajo hacía el rio.


Según registra El Colombiano, 35 personas se quedaron sin casa y realmente, según el Sistema Nacional para a Atención y Prevención de desastres, Simpad, el tubo ya estaba deteriorado y no fue por causa de la perforación como verificaron luego Empresas Públicas.


Aquella agua que bajó por la calle y bajo ella ocasionó que en menos de ocho días, varias casas fueran a dar al río. Nancy Monje, fue una de las personas que dio albergue temperar a sus vecinos y a la vez hizo de nuevo un llamado a la administración, través de los medios, para buscar ayudar de vivienda para esta población conformada también por niños que iban desde los 20 días de nacidos hasta los 6 años.


Las versiones sobre ese hecho fueron contradictorias. Los habitantes de este sector se preguntan: ¿Por qué precisamente después de la perforación ocurrió el desplome de estas casas? El Simpad, luego de una investigación, dio por hecho de que el tubo ya estaba perforado.


Lo cierto es que estas personas han recibido ayudas cada vez que han ocurrido hechos por lamentar, como comida, enseres y subsidios para arrendar casa en otras partes. Sin embargo, temas como la canalización de río, la reubicación apropiada de los habitantes y el permanente riesgo ante una próxima calamidad a causa de las aguas subterráneas y las crecientes del río, no han adquirido una respuesta concreta.


“La idea es que lleguemos a un acuerdo, para eso existe el dialogo y la concertación, para antes de que algo peor nos suceda, pues el río se nos está comiendo la vida, Dios no quiera”, concluye Maribel Morales.



Publicado en el periódico La Pupila.
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